Lago de Texcoco
Águila y serpiente
En el antiguo paisaje del lago, el águila y la serpiente llegaron a representar el signo que, con el tiempo, guiaría el nacimiento de una nación.
Del Valle de México al símbolo de la nación
La visión del águila posada sobre un nopal, devorando a la serpiente, es uno de los símbolos más profundos del Valle de México. Mucho antes de convertirse en emblema nacional, fue una señal sagrada para los mexicas: el anuncio de que habían llegado al lugar donde debían fundar su ciudad.
Según la tradición, los sacerdotes mexicas interpretaron esta imagen como un mensaje divino que marcaba el destino de su pueblo. En medio de los antiguos lagos del valle, esa visión señaló el sitio donde nacería México‑Tenochtitlan, y con el tiempo, el corazón político, cultural y espiritual de un vasto territorio.
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El símbolo sobrevivió a la conquista, a los cambios del paisaje y a la transformación del propio lago. Su fuerza no proviene solo de la escena que representa, sino de lo que encarna: origen, resistencia, transformación y continuidad. Por eso, siglos después, la nación lo adoptó como parte central de su escudo y de su bandera, reconociendo en él una raíz que sigue viva.
Un símbolo cuya historia y significado forman parte de este territorio
Hoy, el águila y la serpiente no son solo un recuerdo del pasado mexica. Son un puente entre la historia del valle y la identidad contemporánea de México: una imagen que nació en estas tierras y que continúa dando sentido a quienes las habitan y mantienen viva su memoria simbólica.

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